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Recolecta de naranjas en Naranja Tradicional de Gandia

Después de un reparador domingo, en el cual la familia nos reunimos para comer y tomarnos un aromático café en casa de mi madre,  aunque no queramos,  siempre se nos viene encima comentarios sobre el trabajo.  Solemos preparar la furgoneta con las cajas plegadas, otras ya montadas pendientes de rellenar, la báscula electrónica de precisión, los guantes, etc.  Ale hasta mañana familia, nos despedimos y cada uno hacia su nido.

La luz del alba asoma por la ventana, son las 6 de la mañana, una duchita, zumito de naranja y al tajo. Compruebo la tablet, los últimos pedidos de por la noche se los paso a mi hermano por mail (no hacía falta el ya los había visto y ya tenía la gestión preparada. Fco José duerme tan poco como yo.

Recién amanecido, llego al huerto de naranjas Navelina aquí en Gandía, ya no me sorprende pero mi padre ya lleva un rato aquí, tiene los cajones repartidos por los árboles que él ha seleccionado y en los que las naranjas están en su punto.  Me pregunta si tal amiga o tal otro ha hecho pedido (el ya sabe, sólo con el nombre, si la amiga las quiere ácidas, grandes o pequeñas o si les mezcla el calibre). La verdad es que él se monta sus películas y disfruta organizándonos y nos vigila constantemente, grita ¡este árbol  es de Mariiaaa!,¡ese cajón es para Luís! Bueno, disfruta llevando con maestría las riendas de la recolecta.  Mi hermano y yo procuramos seleccionar lo mejor del árbol.

Lo más complicado es cuando tienes que coger las de arriba (manda mi padre… ¡a las de arriba les da más el sol y están más maduras…!) uno aguanta la escalera y el otro a recolectar, luego al revés. Bueno, otro árbol más vacio.

En la hora del almuerzo yo me dedico a contestar e-mails, hacer fotos con el Smartphone y demás tareas, mi padre se  mosquea, ¡Ni almorzando dejas el aparatito ese del  demonio! Mi hermano se despide y se va a su seta a preparar facturitas, cuentas y demás.

Después de almorzar, revisamos los pedidos  y repasamos todo. Acabamos de recolectar y todos a la casa. Allí esta mi madre;  sus sabias manos seleccionan las naranjas a una velocidad que realmente me asusta, un día me va a arañar y me cortará un brazo (siempre comenta lo mismo, “a los catorce años ya hacía yo esto en el almacén de la AGRUNA, que bla bla bla”).

Preparamos la balanza y comenzamos a pesar. A la hora de comer suele estar ya todo pesado y preparado. Tan sólo faltan los albaranes que tengo que imprimir. Mi hermano, a cargo de la web, ya me los ha mandado por e-mail, así como ha enviado las órdenes de carga para nuestro transportista, imprimimos y volvemos a repasar las direcciones, los números de pedidos y las cajas, asegurándonos que estén bien precintadas, limpias y en perfecto estado.

Cuando llega Javier le ayudamos a cargar la furgoneta y nos despedimos de nuestras naranjas deseándoles buen viaje y que sepan ser apreciadas por nuestros clientes y amigos sin los cuales nuestro proyecto no sería posible. Aunque este es el día a día, siempre nos embarga cierta emoción en estos momentos porque nuestra satisfacción es que siempre sean de vuestro agrado.

ESTE PROYECTO ES GRACIAS A VOSOTROS. GRACIAS AMIGOS.