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El riego

Desde el inicio del cultivo de los cítricos ya se puso de manifiesto la necesitad que tienen estos árboles de agua para mantener su desarrollo vegetativo y producir abundante cosecha con frutos de buen tamaño y máxima calidad. En numerosos escritos que datan del siglo IV, se acentuaba la importancia de los riegos, así como la necesidad de ajustar la frecuencia de los mismos y el volumen de agua a las características del suelo y a las condiciones climáticas y meteorológicas. También se ponía de manifiesto la eficacia del riego para combatir las temidas heladas que perjudicaban la cosecha. Por otro lado, se entra consciencia de los daños que producía el exceso de humedad en estos árboles, que generalmente ocasionaba amarillez en las hojas e incluso la muerte de la planta.

Tradicionalmente, en la región valenciana, la cantidad de agua empleada como promedio en el riego de los huertos oscilaba entre los 6.000 y 9.000 m3/ha y año. El volumen de agua aportado en cada riego por término medio es de unos 700 m3/ha. Cabe destacar que la carencia de riegos es diferente en verano respecto al invierno. Aunque el promedio varía en función de la climatología, del tipo de tierra y de la meteorología, se riega unas 10 veces al año, normalmente desde abril hasta octubre, acortándose el periodo en verano que puede llegar a ser cada 3 semanas.

Como se podrá comprobar, el riego es una pieza muy importante en el mecanismo de cultivo de la naranja y repercute en la calidad de las cosecha. Así pues, la decisión de cuándo y cuanto se riega depende de las manos expertas del agricultor y de su larga experiencia en el cultivo tradicional. El éxito en la calidad de la naranja de Naranja Tradicional de Gandia .COM recae sin duda en la transferencia de esos conocimientos de padres a hijos durante generaciones.

La técnica de ejecución tradicional se basa en que después de la primera labor, se pasaba la tabla para deshacer los terrones, e inmediatamente se hacían los caballones que delimitaban las tablas o tiras dentro de un bancal para dejar el terreno en condiciones de regarse. Éstos se hacen con la acaballonadora que nuestros antepasados la usaban tirada por caballos o mulas y en la actualidad usamos una mula mecánica de pequeño tamaño el rotovator o rotocultivador al cual le acoplamos la acaballonadora.

            El sistema de riego tradicional es el denominado a manta. Consiste en inundar momentáneamente con la cantidad justa de agua toda la tabla. Es un sistema natural puesto que al estar la tierra previamente trabajada por el agricultor y nivel freático es muy alto en nuestras tierras, la posible agua sobrante vuelve rápidamente al subsuelo y se incorpora sin pérdida a los hilos de agua subterránea. Cerrando así el ciclo natural del agua. Con esta técnica se eliminan las grandes tiradas de cañerías de PVC, depósitos, grifería, etc. Y el árbol lo agradece.

            En nuestros huertos, el agua proviene de un pozo con cenia o noria y, en algunos, disponemos de una balsa donde se almacena el agua común a la comunidad de regantes. Los pozos permanecen originales alcanzando uno de ellos una profundidad que ronda los 18 m donde el agua es elevada mediante bomba eléctrica o, como el caso de otro huerto mediante motor de riego de gasolina. En el caso de la bomba eléctrica ésta permanece instalada de manera permanente dentro de una caseta que cubre el pozo mientras que el motor de riego a gasolina es transportable y se tiene que cebar para que extraiga el agua del pozo hacia las acequias. Además no debe coger aire porque dejaría de sacar agua.

            El sistema de transporte del agua hasta el huerto es mediante acequias o canales construidas bien con caballones hechos de tierra bien con cemento añadiendo arquetas que distribuyen el agua hacia unas tablas u otras. Las de cemento llevan un sistema de levas y tapones para canalizar y taponar el agua de una acequia a otra. Es un sistema cómodo y muy eficaz por las escasas pérdidas de agua aunque tiene un coste económico inicial relativamente alto. El sistema con caballones de tierra lo usamos en los huertos más pequeños donde el agua esté muy cerca, aun así, es un tanto incómodo sobre todo en periodos de frío, puesto que debes abrir y cerrar el paso del agua a las tablas haciendo y deshaciendo caballones con el legón mojándote las piernas casi hasta la rodilla.

            Como se puede observar de todo lo comentado, sobre el agricultor recae gran responsabilidad en todo el proceso para un regadío adecuado y que, además, éste sea el que mejor funcione a sus naranjos. El agricultor tradicional, gracias a la sabiduría adquirida con el traspaso de conocimientos entre generaciones y los adquiridos por sí mismo garantiza que las cosechas sean siempre de máxima calidad año tras año.